Nunca disfrutas como es debido del mundo hasta que el mar mismo fluye por tus venas, hasta que los cielos te visten y las estrellas te coronan

Thomas Traherne

Centurias de meditaciones, primera centuria, § 29, edición Dobell (1908)


El mar, los cielos, las estrellas. Traherne acerca lo que parecía lejano. El mundo deja de estar solamente delante de la mirada; su frase hace que se sienta incluso en el cuerpo. Aquí no hay nada que poseer. Quizá solo una forma de dejar entrar lo que ya era visible y de hacerle un lugar en la vida.

De la biblioteca: Centuries of Meditations, Thomas Traherne

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