La luz del Sol, cuando él la despliega, Depende del órgano que la contempla

William Blake

Frontispicio de Para los sexos: las puertas del paraíso (1793), bajo la leyenda «Qué es el hombre»


El sol está ahí para ambos. Una persona abre los ojos, otra se los protege. La luz no ha perdido nada. Este verso de Blake deja a cada cual su manera de recibir lo que llega, sin hacer de una mirada la medida de otra. La noche pasa. Al amanecer, la luz llega, sea cual sea el camino recorrido.

De la biblioteca: Mysticism: A Study in the Nature and Development of Spiritual Consciousness, Evelyn Underhill

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